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Artículo cortesía del sr. Ignacio Soto, Gerente de Portafolio de Vinos, de HA&COM

Por maridaje entendemos la unión adecuada y certera entre el vino y la comida, y que tiene como objetivo el disfrute en la degustación de alimentos.  Existen dos aspectos muy importantes que se deben considerar para lograr la buena combinación:  el sabor y la textura del vino.

Generalmente en los vinos blancos, la armonía se centra en el sabor y la acidez.  En el caso de los vinos tintos, al maridarlos con alimentos gruesos y sólidos, de mucho más cuerpo, existe una combinación entre sabor, pero más relacionado con la textura de vino.


A mayor nivel de astringencia y de robustez del vino, los platos o preparaciones culinarias deben ir a la par.

Entre los vinos astringentes, de alta aspereza, podemos encontrar principalmente el syrah, el cabernet sauvignon, el malbec (vino representativo de Argentina que también se produce en Chile) y los nuevos que aún están en proceso de evolución en la botella, que han tenido 18 ó 24 meses en barrica y que son vinos que claramente cuando los tomas, te imaginas un trozo de carne jugoso y ojalá muy tostada.

Cuando empezamos la aventura del maridaje, se sugiere partir con ejercicios simples.  Por ejemplo, frente a carnes blancas o pescados y mariscos, buscar su vino dentro de los blancos e ir probando hasta llegar al maridaje ideal.  Si usa un chardonnay,  dulce, con notas de miel y un poco de papaya, no tiene mucho sentido con una almeja, porque ésta es de olor profundo, muy perfumada, de una acidez muy alta, salinidad de mar, etc.  Pero, si ese plato es acompañado con un sauvignon blanc,  encontramos una unión armónica.

Algunos elementos que deben considerarse a la hora de combinar adecuadamente alimentos y vino:

1.  Considerar el cuerpo del vino:  Peso y sensación en boca del vino y qué tipo de comida lo potenciará más
2.  Considerar los sabores del vino:  Tanto primarios como secundarios, buscando similitudes en comida
3.  Considerar el nivel de intensidad de vino y comida:  Vinos delicados con comidas delicadas, vinos robustos con comidas más pesadas
4.  Considerar los sabores básicos de vino y comida:  Platos dulces con vinos dulces; Platos ácidos con vinos ácidos
5.  Considerar contraste entre sabores básicos:  Vinos ligeramente dulces para platos algo salados o picantes.

La segunda parte de este artículo se publicará en el boletín de la próxima semana.

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